Los fundamentos teóricos

La Maison buissonnière se constituyó inicialmente a partir del trabajo de Françoise Dolto sobre el desarrollo del niño y sobre el modelo de La Maison verte, creada por Dolto en Paris en los años 70’s.

Al igual que en La Maison verte, recibimos niños desde muy temprana edad y ofrecemos una escucha psicoanalítica a las demandas y dificultades de las familias. Esta escucha es libre de todo contexto de terapia. El niño es nuestro interlocutor privilegiado. No importa qué tan pequeño sea, lo recibimos como un ser íntegro. Le hablamos directamente, en lugar de hablar de él. Permanecemos a la escucha de lo que comunica a través del lenguaje corporal, el simbolismo de sus juegos y de su comportamiento. Así, nuestra intención es de entender junto con él, las situaciones en las cuales está inmerso o aquellas de las cuales es testigo.

El adulto que acompaña al niño –uno de los padres o su cuidador – permanece con él como garante de su identidad. Su presencia permite que el niño, inmerso en un entorno social, no pierda el sentimiento de la continuidad de su existencia. Así, puede encontrar consuelo o ayuda del adulto para reconstituirse cuando una experiencia difícil o demasiado desafiante le hace sentirse perdido o derrotado.

En este lugar de acogida, nos basamos en el concepto de Imagen inconsciente del cuerpo, tal como fue desarrollado por Françoise Dolto a partir de su experiencia de trabajo con niños y lactantes. Ésta última, nombra Imagen inconsciente del cuerpo al modo de ser en el mundo que el infante desarrolla progresivamente, a través de los intercambios afectivos con su entorno social y que se convierten en la manera específica y particular de cada quien para establecer lazos con los demás.

La imagen inconsciente del cuerpo no es, por consiguiente, realmente una imagen, sino más bien la representación de sí en relación con los otros.

En la medida que el niño se desarrolla, sus necesidades y deseos se transforman. Abandona sus antiguos modos de satisfacción para que nuevos modos más complejos y evolucionados tengan cabida. Es a lo que Françoise Dolto llama castración simbolígena, y que permite al niño renunciar a un modo anterior para pasar a un estadio de desarrollo más avanzado. Pero este pasaje debe ser siempre progresivo, iniciado únicamente cuando el niño está listo y sobre todo, acompañado de las palabras que le ayuden a comprender y a simbolizar las interacciones y las experiencias sensoriales.

En La Maison buissonnière se pretende facilitar este proceso a través de reglas sencillas, claras y poco numerosas que deben ser respetadas por todos. Así, los niños no podrán dar libre curso a sus deseos todo-poderosos. Los padres y los miembros del equipo tampoco podrán consentir dichos deseos siendo que una ley social propia del lugar rige el funcionamiento para todos los presentes.

La práctica de La Maison buissonnière se sitúa igualmente en la sucesión de fenómenos transicionales, tal y como fueron definidos por D. W. Winnicott. Éste plantea que en un estadio muy primitivo, la falta de madurez del Yo del lactante es en un principio compensada con el soporte que el Yo de la madre le ofrece con su presencia. Poco a poco el bebé, por su propia actividad, encontrará un objeto (objeto transicional) que le permitirá, por momentos, privarse de la presencia efectiva de la madre. A continuación viene el tiempo donde el bebé interioriza esta madre, soporte del Yo, y puede ser capaz de permanecer solo, sin recurrir en todo momento a ella. La Maison buissonnière ofrecer un espacio donde los niños pueden vivir esta experiencia, alejándose un poco de sus padres y regresando a ellos, para poner a prueba sus propias capacidades de autonomía. En palabras de Winnicott, el niño aprende a jugar solo, en presencia de su madre, de su padre o de cualquier otra persona con quien se siente seguro.