Consideramos que ir al encuentro de otras personas es una actividad en sí misma. Si se quiere conocer al niño, hay que dejarlo seguir sus intereses y su ritmo. Consideramos así, con Winnicott, que el juego libre es una terapia en sí. Dejar que los niños jueguen libremente lleva implícita una actitud positiva hacia el juego, pero también incluye el reconocimiento de que éste puede volverse perturbador para ellos, puesto que les permite expresar y simbolizar sus representaciones internas. Es por eso que la persona responsable debe estar disponible cuando los niños juegan, sin entrar por consiguiente en el juego. En caso contrario el juego del niño pierde su carácter creativo.

El juego creativo permite que el niño no descargue la tensión causada por las experiencias sensoriales o relacionales en una excitación motriz o en una disfunción corporal.

“ There is a direct development from transitional phenomena to playing, and from playing to shared playing, and from this to cultural experiences” (Winnicott, 2001).