La socialización precoz consiste en un proceso progresivo que permite al niño atravesar la frontera de su hogar y hacer contacto con otras personas, diferentes a él, sin perderse ni perder los medios para un intercambio inteligente con el mundo que lo rodea. La vida en grupo, las dificultades de las relaciones con los otros no asustan al niño que puede existir fuera de la presencia de su madre. Su narcisismo no se pone en riesgo con cada decepción que vive. No se trata de ninguna manera de modificar el funcionamiento del niño para que obedezca a una norma.

En la óptica de La Maison buissonnière, que retoma aquella de la Maison verte, no se trata de enseñarle al niño cómo comportarse con los adultos, no se busca someterlo pasivamente a los adultos que dictan las reglas (quienes a veces no las respetan) porque ellos son más fuertes o para darles gusto. No se trata tampoco de resignarse a separarlo de la familia, sino de ofrecer las condiciones que le permitan ser él mismo con los otros, de encontrar sus maneras personales de resolver los conflictos y de que le sea agradable entrar en comunicación con los demás, sin confundirse con ellos.